jueves, 21 de abril de 2011

El 2 de Mayo

Hola a todos.

Como bien sabréis, nuestros Boinas Verdes son también conocidos con el sobrenombre de “Guerrilleros”, lo que les reconoce como dignos sucesores de aquellos primeros combatientes guerrilleros que sobrevivieron, retaron, combatieron y ganaron al invasor francés durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), continuando la más pura tradición hispana de Viriato contra todo un Imperio (en su caso, el Romano), y universalizando este tipo de guerra de pequeñas unidades realizando golpes de mano a ejércitos regulares con el término de “guerra de Guerrillas” ("Guerrilla Warfare" según los anglosajones) con el que es conocido hoy en todo el mundo.

Sin embargo, esta guerra nació muy lejos de las inhóspitas serranías donde fue librada, y por unos combatientes muy diferentes a los entrenadísimos profesionales de la Infantería Española que hoy forman las Guerrillas. Concretamente nació en las calles de Madrid, con la participación del pueblo llano, y con el sólo apoyo de unos pocos oficiales de las armas de Artillería e Infantería cuya meritoria actuación culminó con el sacrificio de sus vidas en el Parque de Artillería de Monteleón, ubicado en la actual Plaza del Dos de Mayo de la capital.


Parque de Artillería de Monteleón según una maqueta de 1830 realizada por León Gil de Palacio.


ANTECEDENTES Y CONTEXTO HISTÓRICO

Tratando de no extenderme, hay que indicar que la presencia del Ejército de Napoleón en España, entonces el Ejército más poderoso y victorioso del mundo que hasta ese momento no había conocido la derrota, se debía a la artimaña del Emperador Napoleón Bonaparte de una supuesta conquista de Portugal, aliada de Inglaterra y enemiga de Francia en ese momento. Bajo la política sumisa y humillante de Carlos IV y su valido Manuel Godoy, España había pasado de ser una Primera Potencia mundial a ser un simple vasallo de Francia, cuyo máximo ejemplo está representado en la derrota naval de Cabo Trafalgar el 21 de Octubre de 1805 por parte de la escuadra francoespañola frente a la británica de Nelson.


El HMS Victory rompe la línea francoespañola en Trafalgar, 21 de octubre de 1805. Obra de Geoff Hunt.

En los días previos a este mayo de 1808, el hijo de Carlos IV, el nefasto Fernando VII, había tratado de usurpar el trono a su padre  en los sucesos conocidos como el “Motín de Aranjuez” sucedidos entre el 17 y el 19 de Marzo de ese mismo año.  Perdonado por su padre, Fernando VII no sólo no fue castigado por este motín (a diferencia de sus colaboradores), sino que, pocos días después y bajo la tutela de Napoleón, recibió el trono tras abdicar en él su padre, Carlos IV el 23 de Marzo. Ambos borbones (a título personal los considero los más nefastos reyes de la Historia de España) ya eran marionetas del Emperador francés quien quería erradicar a la dinastía Borbón de la Corona de España para substituirla con su propia estirpe de manos de su propio hermano José Bonaparte, que más tarde sería coronado como José I y apodado por el pueblo como “Pepe Botella” pese a que era un reconocido abstemio. Con estos fines fue trasladando poco a poco a la familia real española hacia la ciudad de Bayona para tenerlos controlados en una particular “jaula de oro”. Allí fue donde, con desconocimiento absoluto del pueblo español que le adoraba, Fernando VII vendió la Corona de España a cambio de unos privilegios y una pensión vitalicia, abriendo las puertas de par en par a los proyectos del Emperador Bonaparte.


Fernando VII, por Goya.

Mientras tanto, las tropas francesas ocupaban las principales ciudades y fortificaciones de nuestra patria ante la pasividad de las autoridades civiles y militares españolas, que cumplían debidamente las órdenes de Fernando VII relativas a colaborar en todo lo posible a las huestes francesas, hasta el punto de retirar la munición a las guarniciones españolas incluso en los servicios de guardia. Fue así como el Gran Duque de Berg, el Mariscal Joachim Murat, cuñado de Napoleón, entraba en Madrid al frente de 35.000 soldados franceses en oposición a una guarnición española de apenas 4.000 efectivos, tomando automáticamente el mando “de facto” en la capital y manejando a su antojo a las autoridades españolas cuya principal misión encomendada por los franceses era la de “controlar al pueblo”.


Joachim Murat


El DESENCADENANTE

Dentro de este proceso de traslado de la familia real a Bayona llegamos a la calurosa mañana del lunes 2 de Mayo de 1808. El día anterior, la multitud había abucheado al Duque de Berg a su paso por la Puerta del Sol, mientras que por el contrario había aclamado al Infante D. Antonio de Borbón, hermano del Rey que aún permanecía en España. Esto sin duda había afectado al ánimo del sangriento mariscal francés quien no dudaba en hacer público su desprecio hacia los españoles.



Aquella mañana del 2 de Mayo los ánimos seguían caldeados en Madrid, y en nada iba a ayudar a aplacarlos la presencia de sendos carruajes frente al Palacio de Oriente en la Plaza de la Armería. Rápidamente corrió el rumor de que estaban allí destinados al traslado de lo que quedaba de la familia real en España con destino a Bayona. Estos eran la Reina de Etruria, Dª María Luisa de Borbón, y el menor de los hermanos de Fernando VII y siguiente en el trono, el Infante D. Francisco de Paula. Cuando el primero de los carruajes había partido con la Reina de Etruria a bordo y la evidencia del traslado se confirmó, la multitud alentada por uno de esos héroes anónimos, el cerrajero José Blas de Molina se abalanzó sobre el segundo carruaje rompiendo los atalajes y pretendió evitar la partida del “Infantito” llegando a entrar en el palacio, donde el propio infante D. Francisco les invitó a salir prometiendo dirigirse a ellos desde el balcón.



Plaza de la Armería en el Palacio de Oriente.

Concentrada una gran multitud en la plaza, la agitación era cada vez mayor, y cualquier excusa era buena para que saltase la chispa. Ésta se produjo cuando el ayudante de campo del propio Murat, el Teniente Coronel Bruslard, ajeno al asunto llegaba a la contigua Casona de Doña María de Aragón donde se alojaba el Duque de Berg que en ese momento contemplaba los sucesos desde el balcón. Cuando la multitud se apercibió de la presencia del inmaculado oficial francés, arremetió contra él hasta casi matarlo, siendo salvado en última instancia por un oficial español. Bajo el grito de “¡Muerte a los Franceses!” la muchedumbre trataba de dar caza a cuanto francés había por la calle, llegando a matar a un soldado que acudía a su destino. Fue en este momento cuando el Duque de Berg dispone la presencia de un batallón de Granaderos en la plaza, los cuales, tras establecer las piezas y sin previo aviso, empiezan a cañonear a la multitud allí concentrada acompañados de las descargas de fusilería de la infantería, provocando la masacre y el pánico.




EL LEVANTAMIENTO

Al correrse la voz y bajo la consigna “Muerte a los franceses”, numerosos madrileños salen a la calle con navajas, cuchillos, tijeras, escopetas de caza, o cualquier utensilio útil para matar que encuentran a mano, creándose numerosas partidas que establecen puntos de resistencia en distintas zonas de Madrid, siendo las más feroces las de la Puerta de Sol y la Puerta de Toledo. Tal es el ánimo popular que por ejemplo, de los 90 presos que había en la Cárcel de la Villa y Corte, 56 solicitan que les dejen salir a combatir a los franceses bajo promesa de volver tan pronto acabasen, batiéndose con gran valentía cuando toman una pieza de artillería francesa en la Plaza Mayor con la que luchan hasta quedarse sin munición. Tras eso y después de muchas peripecias finalmente volvieron a la cárcel 53, quedando un muerto, un herido grave hospitalizado, y un desaparecido (probablemente fusilado), llegando el último preso a la mañana siguiente tras pasar por su casa a comer y afeitarse.


Una de estas partidas de madrileños es la que dirige el ya mencionado cerrajero José Blas de Molina, que consciente de la necesidad de armarse toma la dirección del único sitio donde hay suficientes armas almacenadas: el Parque de Artillería de Monteleón.

Sin embargo, pocos representantes de las clases nobles se ven unirse a la población quedando refugiada la mayor parte en sus casas. Igualmente, las tropas españolas, obedientes a las órdenes del General Negrete, Capitán General de Madrid, quedan acuarteladas ajenos a la carnicería que sufrían sus compatriotas en las calles salvo algunos desertores que deciden unirse a la lucha a título individual.


“Paisano rematando a un soldado francés”. Museo de Historia, Madrid.


EL PARQUE DE ARTILLERÍA DE MONTELEÓN

En el antiguo palacio de los Marqueses del Valle es donde se ubica el Parque de Artillería de Madrid. Edificio de escasa utilidad militar, rodeado de un simple muro y con edificios altos en tres de sus cuatro lados, el parque es guarnecido por un escaso contingente de 16 artilleros al mando de un oficial, siendo este el Teniente de Artillería D. Rafael Arango. Sin embargo no están sólos, ya que el día anterior el Mando francés decidió enviar un destacamento de 70 artilleros franceses al mando de un Capitán.


Plano del Parque de Artillería de Monteleón. Dibujo de J. Acosta.


Imagen del Parque durante su demolición en 1947.

Cuando la multitud empieza a agolparse a las puertas del edificio, el pobre Teniente Arango a duras penas puede contener al nervioso oficial francés, que amenaza con disparar a la multitud para dispersarla. Sin embargo, es por estar los franceses prestando excesiva atención a esta multitud por lo que aprovecha el Teniente Arango para ordenar a su escaso contingente de artilleros el coger munición disimuladamente para sus armas (recordemos que había orden expresa de permanecer desarmados incluso en los servicios de guardia) por lo que pudiera pasar.


Bandera del 1er Regimiento de la Real Artillería


CAPITÁN DE ARTILLERÍA D. LUÍS DAOÍZ Y TORRES



Sevillano de 41 años, Luis Daoíz es de los oficiales más respetados en el panorama artillero de la época.  Habiendo servido a su patria en Ceuta, Orán, Francia, al mando de una cañonera en Cádiz y como oficial de artillería a bordo del navío de línea San Ildefonso (que posteriormente se batiría en Trafalgar) realizando dos viajes a América, vuelve a tierra a tiempo de participar en la campaña de Portugal, y destinado posteriormente en el puesto destacado en Fontaineblau en colaboración con los franceses (a los que conoce bien y de los que domina el idioma), finalmente solicita destino en Madrid siendo destinado al Parque de Artillería de Monteleón.

No es de extrañar por tanto que, tan pronto se oyese el tumulto en la calle se encaminara el Capitán Daoíz hacia su destino, en el Parque de Artillería, acompañado de otros oficiales del Arma. Informado de la situación por el Teniente Arango, aprueba la medida de municionar a la tropa y se dedica a calmar los ánimos del nerviosísimo oficial francés.


CAPITÁN DE ARTILLERÍA D. PEDRO VELARDE Y SANTIYÁN



Natural de Santander y con 28 años de edad, Pedro Velarde cuenta con un historial envidiable siendo ya oficial de Estado Mayor y con destino como Capitán Secretario en la Junta Facultativa Superior del Cuerpo de Artillería, bajo el mando directo del Coronel Navarro Falcón. De carácter mucho más impulsivo que su íntimo amigo Daoíz, Pedro Velarde posee mucha mejor información de lo que está sucediendo gracias a su privilegiado destino, pero esto no hace sino indignarlo más ante la orden emitida por el General Negrete al Ejército de permanecer ajenos a la carnicería. Pese a los intentos de su jefe directo de calmarlo, Pedro Velarde abandona su puesto tomando el fusil de un ordenanza, siendo seguido por dos de los escribientes de la Junta, y encaminándose resuelto al Parque de Artillería donde encontrará a su amigo, a la muerte, y a su particular rincón glorioso en la Historia.

De camino hacia Monteleón, Velarde hace un alto en el Cuartel del Regimiento de Voluntarios del Estado (Infantería), persuadiendo a su Coronel Jefe que le ceda provisionalmente una compañía para “evitar que el pueblo tome las armas del Parque de Artillería”. Así, el Capitán Velarde consigue ser asistido por la 3ª Compañía del 2º Batallón del Regimiento de Voluntarios del Estado, al mando del Capitán Goicoechea y del Teniente Jacinto Ruiz, este último un oficial desconocido hasta el momento de carácter enfermizo que padecía fuertes ataques de asma, y que igualmente desconocía que cerca de donde se encaminaba en ese momento hacia el Parque de Artillería se erigiría un monumento en su honor.


CAMINO A LA HISTORIA

Con un millar de personas pidiendo armas, la situación del Parque de Artillería es cada vez más tensa y sus “inquilinos” franceses están cada vez más nerviosos mientras escuchan tiroteos por toda la ciudad. Es este el momento en que se presenta el Capitán Velarde acompañado de los dos escribientes de la Junta de Artillería, El Capitán Goicoechea, el Teniente Ruiz, y los 33 hombres de la 3ª Compañía de los Voluntarios del Estado. Sin apenas cruzar el saludo con el Capitán Daoíz, el Capitán Velarde se encamina hacia su homólogo francés indicándole que la ciudad ha sido tomada por el pueblo, que el Ejército español le apoya, y que esa compañía no es sino la vanguardia de todo el Regimiento que viene detrás. Impresionado por la guerrera verde de Estado Mayor que viste Velarde, el Capitán francés cede y rinde las armas de sus 70 hombres, quedando en custodia de los Voluntarios de Estado.

En ese momento tuvo lugar una violenta conversación entre los Capitanes (y amigos) Daoíz y Velarde motivada por la actuación de este último… Pese a que su corazón está con sus compatriotas, Daoíz es persona cabal y no puede desobedecer las órdenes tan alegremente. Cuentan los testigos que en ese momento Daoíz se separó de todos y estuvo andando un rato por el patio releyendo las órdenes que le habían dado en mano acerca de colaborar con los franceses y no intervenir. En un momento dado, rompió las órdenes en pedazos, desenfundó el sable, y ante la expectación de todos los presentes señaló a la puerta y gritó: "¡Las armas al pueblo!"

Comenzaba así su camino hacia la Historia y a los más altos lugares de la tradición militar española.


LA GESTA

Pese a la decisión tomada, Daoíz y Velarde no eran tontos precisamente, y sabían que nada podrían hacer contra el mejor Ejército del mundo. Su única posibilidad era hacer de modelo y provocar que el resto de unidades españolas acantonadas en Madrid siguieran su ejemplo, pero también sabían que los mandos no estaban precisamente por la labor. Aún así repartieron las armas al millar de personas que las solicitaron, pero tan sólo pudieron retener con ellos a poco más de un centenar de los paisanos.  Conscientes de que el Parque de Artillería sería objetivo prioritario de los franceses de cara a someter el levantamiento, se dedicaron a preparar concienzudamente la defensa del recinto. Su primera orden fue introducir a todos en el recinto y aguardar en silencio, para que los imperiales no pudieran sospechar la nueva “situación administrativa” del Parque.



Cuando los primeros efectivos de la División Westfalia del General Lefranc se aproximaron a forzar la puerta, volaron literalmente en pedazos por el cañonazo de una de las piezas de “a 8” que la volatilizaron, provocando el estupor y la desbandada de los franceses. Los del Parque no perdieron un momento y procedieron a sacar cuatro piezas al exterior orientadas tres de ellas hacia las calles colindantes al mando del Teniente Ruiz (oficial de Infantería con poca experiencia en el uso de cañones), y dejando la cuarta en la puerta para ubicarla allá donde fuera necesario según derivase el combate. El Capitán Velarde se ocupó de organizar la defensa interior del recinto, ubicando a los Voluntarios del Estado en las ventanas superiores para batir las calles, mientras que el Capitán Daoíz se ocupaba del mando de todas las fuerzas recolocando a las partidas de paisanos en los edificios cercanos y permaneciendo él mismo durante la totalidad del combate al descubierto, junto a las piezas de la calle.

El segundo intento por parte de los de Westfalia se vio sorprendido por este nuevo dispositivo de defensa, provocando igualmente la retirada de sus ya mermadas fuerzas. Cuando esta situación llegó al conocimiento de Murat éste montó en cólera y exigió que todos los defensores fueran pasados a cuchillo. Para asegurar el éxito de la empresa envió al 4º Regimiento Provisional de la División de Musnier, al mando del Comandante Montholon en funciones de Coronel, que acudió apoyado por cuatro piezas de artillería.

Mientras tanto el levantamiento se había generalizado en el centro de la ciudad, consiguiendo muy a duras penas los franceses ir haciéndose poco a poco con el control de distintas zonas de forma sangrienta, enviando a los Mamelucos a cargar contra el pueblo apoyados por la Artillería Imperial. Pero allí donde mataban a un español (o española como fue el caso de Manolita Malasaña), acudían más a sustituirle provocando numerosas bajas entre los galos.


Carga de los Malelucos, por Francisco de Goya.


Muerte de Manolita Malasaña vengada por su padre. Su apellido da nombre a un barrio de Madrid.

Con la llegada de Montholon, éste planteó un ataque combinado por las tres calles que convergían hacia el Parque, iniciando la acción no sin pocas bajas provocadas por los cañones españoles que agotaban sus últimas municiones de metralla sustituyéndola con lo que encontraban, como las piedras de chispa de los fusiles. También fueron rechazados y finalmente Montholon decidió situarse él mismo al frente de una columna cerrada, intuyendo acertadamente que a los españoles no le quedaba munición de metralla.




Óleos representando los combates en el Parque de Artillería de Monteleón. La muerte de Daoíz en el segundo de ellos.

Sin embargo, esta situación ya superaba a los defensores llegando la vanguardia francesa con Montholon a la cabeza a plantarse a muy poca distancia de los españoles. Fue en ese momento cuando llegó un oficial español a caballo desde una de las calles agitando bandera blanca para hablar con los defensores. Se trataba del Capitán de Voluntarios Melchor Álvarez que exigió a los Capitanes Daoíz y Velarde que depusieran las armas y se rindieran. Contemplando los cadáveres del ya abatido Teniente Ruiz, de los paisanos, mujeres y niños incluidos, Daoíz se niega rotundamente iniciando una discusión con el oficial español teniendo a los franceses a unos metros como espectadores (que incluso llegan a adelantar al intérprete para informarse de lo que se discute). En este momento, un artillero ve un movimiento sospechoso entre los franceses que aprovechaban para acercarse más, y acerca el botafuego a la pieza provocando una nueva carnicería entre los franceses. En ese momento, Velarde se aproxima al Comandante Montholon y lo hace prisionero junto a casi dos centenares de atónitos soldados franceses.


Teniente Jacinto Ruiz. El héroe “olvidado” del 2 de Mayo.

Internados los prisioneros en las cuadras junto a sus compatriotas prisioneros (los oficiales fueron llevados a la sala de oficiales y tratados exquisitamente), se reinicia el ataque final, siendo conscientes Daoíz y Velarde de que se presentan sus últimos momentos de vida.

Reforzados los franceses por los hombres del General Lagrange, éste cañonea a placer a los defensores que van sucumbiendo poco a poco, iniciando un ataque masivo de unos 2.000 franceses hacia el Parque. Herido de un disparo en un muslo Daoíz, corre Velarde a socorrerlo pero a su vez recibe un disparo en el corazón y muere en el acto justo bajo el arco de la puerta principal que aún se conserva. Sobrepasados por los franceses, éstos finalmente consiguen controlar el Parque y anulan la resistencia española, ejecutando a cuanto defensor encuentran por el camino. Rodeado de sus tropas, el General Lagrange se acerca al herido Daoíz a increparle por su acción, sin conocer que éste domina la lengua francesa. Cuando Lagrange le llama traidor, Daoíz se levanta como un resorte y mientras le increpa al jefe francés “No me hablaríais así si supiéseis hablar con vuestro sable” le clava el sable en el pecho sin llegar a matarlo. En ese momento, los soldados que le rodean lo cosen a bayonetazos dejándolo herido de muerte.



Puerta principal del Parque de Artillería. Es lo único que se conserva en la actual Plaza del 2 de Mayo.
Llevado por sus fieles soldados a su casa de la Calle Ternera, Daoíz muere al poco de llegar.
Velarde por el contrario permaneció abandonado en el suelo allá donde había caído, siendo su cuerpo desvalijado por los franceses y dejado desnudo.

Se estima que, entre heridos y muertos los franceses tuvieron entre 800 y 1.000 bajas en la toma del Parque de Artillería.

Al anochecer y casi a escondidas, algunos supervivientes llevaron los cuerpos de Daoíz y Velarde a la parroquia de San Martín, donde fueron enterrados Daoíz con su uniforme, y Velarde con un hábito franciscano que era lo único que le pudieron encontrar.

Poco después los últimos focos de resistencia fueron acallados, iniciándose una represión sobre la población madrileña que culminó en miles de muertos, muchos de los cuales ni siquiera habían participado en la lucha y fueron ajusticiados por el hecho de llevar algo punzante entre sus vestimentas. Así murió un cirujano con su maletín, unos arrieros con sus aperos de labranza, o una joven de 15 años a la que le encontraron unas tijeras… tal vez porque su profesión era la de costurera. Estas ejecuciones fueron inmortalizadas por el genial Francisco de Goya en el cuadro “Los fusilamientos del 3 de mayo”.


“Fusilamientos de Príncipe Pío (3 de mayo de 1808)”, por Francisco de Goya.


ANECDOTARIO

Obvia decir que, Daoíz y Velarde han figurado siempre entre los artilleros más ilustres. Por decreto de la Regencia en Cádiz de fecha de 7 de julio de 1812, todos los días 2 de mayo se dicta en todas las unidades de Artillería y siempre por el Capitán más antiguo de la unidad la “Lección del 2 de Mayo” para recordar la gesta de los Capitanes Daoíz y Velarde:

"Que todos los años se haga un elogio de los capitanes Daoíz y Velarde ante los artilleros, a fin de estimularles a imitar sus ejemplos, mostrándoles el camino que deben seguir para hacerse dignos de la honrosa profesión de defensores de la Patria"

Desde entonces y hasta 1987 cuando bajo el ministerio de Narcís Serra auspiciado por el Gobierno de Felipe González se pretendió destruir algunas de las tradiciones más ilustres de las armas españolas, se daba el caso que el Capitán D. Luis Daoíz y Torres figuraba en el escalafón como el Capitán más antiguo en el Arma de Artillería española. El nº 2 lo ocupaba el Capitán D. Pedro Velarde y Santiyán, y así se leía públicamente en los correspondientes actos castrenses en que se debía pasar lista.

Desde 1814 en que fueron exhumados y enterrados con todos los honores militares, ambos militares ostentan el empleo de Capitán General con Mando. El 1 de Mayo de 1840 fueron nuevamente exhumados con todos los honores y sus restos descansan en el sarcófago del monumento erigido en su honor en El Prado.
Quizá por la valentía, lealtad, y patriotismo que demostraron estos dos Capitanes es por lo que los leones que flanquean la escalinata del Congreso de los Diputados de España ostentan orgullosos los nombres de Daoíz y Velarde.

El Dos de Mayo de 2008 se cumplieron 200 años desde que estos militares españoles grabaron con su sangre sus nombres en la Historia de las Armas española y en la de nuestra nación. Desgraciadamente, con la apatía reinante y la impopularidad y corrección política que nos rodean, apenas se hicieron los honores debidos a dos valientes que representan a tantos que aquellos días dieron su vida por la patria, por España. Os ruego que, si así lo estimáis oportuno, cada uno de vosotros piense al menos en ellos cuando llegue cada 2 de Mayo, para que su nombre siga presente y honrado con nosotros.

"El homenaje
Posteriormente, el capitán con más antigüedad en el Ralca, Juan Pablo Rodríguez Santana, fue el encargado de impartir la lección del 2 de mayo, en la que se ensalza el arrojo y valor de los capitanes del arma de artillería Daoíz y Velarde en los sucesos del Parque de Monteleón, en los que perdieron la vida, con un repaso a la historia del levantamiento del pueblo de Madrid con el que se inició la Guerra de la Independencia, para pasar luego al homenaje a los caídos en la defensa de España de todos los tiempos."

Un saludo, Skipper.

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