miércoles, 8 de febrero de 2012

Operación Thunderbolt/Yonatan

INTRODUCCIÓN
El sol se estrellaba con fuerza en la pista del Aeropuerto Internacional de Atenas mientras el flamante Airbus A-300 de Air France con matrícula F-BVGG que cubría el vuelo AF-139 Tel Aviv-París se disponía a despegar. Al mando del Comandante Michel Bacos y con 248 pasajeros y 12 tripulantes, el entonces modelo estrella del recientemente formado Consorcio Europeo Airbus, nacido de una “joint-venture” entre Francia y Alemania como respuesta a la supremacía norteamericana en la construcción de aviones comerciales, surcaba el cálido aire del medio día mediterráneo un 27 de junio de 1976.

Airbus A-300 F-BVGG. Había sido entregado a Air France el 16/11/1975 y tenía el número de construcción 19 de Airbus.

A bordo, entre los ocupantes de 12 nacionalidades, incluidos cinco españoles, y con mayoría de ellos de origen israelí (84), viajaban otros cuatro muy especiales. Sobre las 12:30 hrs y poco después del despegue, una pareja alemana y otros dos pasajeros árabes, armados de pistolas y granadas, se hicieron con el control del aparato. A diferencia de la joint-venture francogermana, esta otra joint-venture palestinogermana autodenominada con el pomposo nombre “Célula Che Guevara de la Unidad Haifa del FPLP” tenía unos fines muy distintos. Sus integrantes eran alemanes del R.A.F. (Rotte Armee Fraktion o Fracción del Ejército Rojo, más conocida como Baader-Meinhoff por los apellidos de sus líderes) y palestinos del Frente Popular de Liberación de Palestina. El avión fue desviado a Bengasi, Libia, donde con la colaboración de Muhammar El-Gadaffi fue repostado y partió con rumbo desconocido, liberando antes a una joven pasajera embarazada.



En Azul, Ruta prevista del vuelo AF-139; en verde, vuelo desde Kuwait en que hicieron transbordo los secuestradores; en rojo, ruta del AF-139 una vez secuestrado. 


Horas más tarde, se confirmó que el avión había aterrizado en el Aeropuerto de Entebbe, en Uganda, cuyo régimen dictatorial presidido por el Mariscal Idi Amin, antiguo pro-israelí que se había enemistado con el Estado hebreo cuando éste se negó a entregarle cazabombarderos F-4 E Phantom II con el objetivo de bombardear a sus vecinos Kenia y Tanzania, colaboró de forma plena con los terroristas, como hacía con todo enemigo de Israel.


El Mariscal Idi Amin. Probablemente uno de los dictadores más crueles de África de los que se sabe que incluso practicaba el canibalismo.

Así, los asustados pasajeros se sorprendieron de que cuando eran llevados hacia la Terminal Vieja del aeropuerto para ser confinados, no solo les encañonaban los terroristas que habían secuestrado el avión más otros que se les habían unido in situ, sino también los propios soldados ugandeses que custodiaban el aeropuerto. Este detalle determinaría la misión a efectuar.
El avión en el aeropuerto de Entebbe rodeado de soldados ugandeses. 


ANTECEDENTES
A lo largo de todo el ciclo de guerras soportadas entre Israel y sus vecinos, conocidas globalmente como “Guerras Árabe-Israelíes”, la sensación de supremacía militar de Israel era constante, sobre todo a raíz de su aplastante victoria en la llamada Guerra de los Seis Días de 1967, en que prácticamente aniquiló a las fuerzas armadas de Egipto y Siria principalmente, y conquistó la península del Sinaí a Egipto, los Altos del Golán a Siria, y Cisjordania a Jordania. Sin embargo, el 6 de octubre de 1973 los estados árabes se tomaron la revancha y con la participación de Egipto, Siria, Iraq, Kuwait, y Jordania entre otros (hubo pilotos de Corea del Norte, “asesores” soviéticos, soldados marroquíes, argelinos, saudíes… y hasta tanquistas cubanos que no llegaron a intervenir por llegar a Damasco con la guerra ya comenzada) en lo que se conoció como la Guerra del Yom Kippur por la celebración judía en que los árabes atacaron por sorpresa, Israel se salvó por la mínima. De hecho, la poderosa Fuerza Aérea Israelí, otrora victoriosa e imbatible, estuvo a punto de sucumbir frente a los nuevos juguetes antiaéreos que los rusos habían pasado a sus aliados árabes, y se llegó al extremo de que la Fuerza Aérea de EE.UU. tuvo que ceder una treintena de sus propios Phantom II enviados con sus pilotos norteamericanos a Israel, para que, con la estrella de David pintada de prisa y corriendo en sus fuselajes mientras eran repostados y armados en bases judías, y ocupados por sus nuevos pilotos israelíes, reemprendieran el vuelo a los pocos minutos de llegar a Israel a fin de que las alas hebreas no llegaran a desaparecer del escenario de operaciones. En la guerra terrestre, dividida entre dos frentes, el norte (centrado en los Altos del Golán entre Siria e Israel) y el sur (encuadrado en el extensísimo desierto del Sinaí), la situación fue muy precaria, y por ejemplo, cuando Israel movilizó finalmente sus reservas, a la 7ª Brigada blindada israelí le quedaban 7 carros operativos de los 105 con que había empezado el día. Finalmente la situación quedó en tablas y la ONU forzó a firmar un alto el fuego entre los contendientes.

Guerras de los Seis Días y del Yom Kippur. 

Tres F-4 Phantom II israelíes sobrevolando el típico paisaje israelí.

Las consecuencias fueron dispares. Para los árabes resultó un fracaso ya que con toda la carne en el asador no habían conseguido hacer desaparecer a Israel. Su reacción fue por un lado encarecer el precio del petróleo para castigar al Occidente que había apoyado a Israel, agravando lo que se conoció como la Crisis del Petróleo, y por otro lado apoyar abiertamente a las organizaciones terroristas antisemitas y antioccidentales con la bendición de la URSS, como era el caso de las palestinas AL-FATAH dirigida por un entonces desconocido y sanguinario Yasser Arafat (entre otras cosas ordenó reventar en 1970 un autobús escolar israelí que supuso el punto de partida de lo que se conoció como el Septiembre Negro en Jordania y le catapultó como líder de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina -una especie de confederación de grupos terroristas palestinos-), el FPLP que es la que nos ocupa, o “Septiembre Negro” que tomó el nombre por los hechos antes mencionados y que se hizo mundialmente famosa por el fiasco de Munich ’72 en que el equipo olímpico israelí fue aniquilado y que propició el nacimiento de la unidad antiterrorista alemana GSG-9, que hoy es una de las mejores del mundo.

Restos de los helicópteros Bell UH-1 D de Munich ’72 en que murió gran parte del Equipo Olímpico israelí.

Por parte israelí, les hizo comprender que no podían dormirse en los laureles y que su superioridad sobre los árabes no era tan enorme. Igualmente pudieron comprobar que Israel no podía confiar su armamento a suministradores extranjeros, ya que por ejemplo Francia que era su principal proveedor de armamento hasta la fecha, les había dejado tirados. Esto, a la par que acercó a Israel más aún a EE.UU. convirtiéndose en su casi fiel aliado en Oriente Medio, impulsó en gran medida a la industria armamentística hebrea con el excelente carro de combate Merkava como máximo exponente de las lecciones aprendidas en el Golán. Y por último, Israel impulsó igualmente a sus unidades de comandos que, lideradas por un tal Ariel Sharon, tan exitosamente habían conseguido colarse por la retaguardia egipcia destrozando las letales baterías de Artillería Antiaérea de origen ruso, lo que por fin dio un respiro a la Fuerza Aérea israelí (Heyl Ha’Avir) y les permitió apoyar a sus mermadísimas fuerzas de tierra hasta el punto de cambiar el sentido que estaba tomando la guerra. Aún así, el ambiente general de la población era muy bajo de moral, ya que eran plenamente conscientes de que su nación había estado a punto de desaparecer.


EL SECUESTRO
Pese a tratarse de un avión francés, el objetivo de los terroristas pronto quedó claro. Exigían la liberación de 53 terroristas encarcelados en Israel (40), Francia, Alemania, Suiza y Kenia (13). Por otro lado, aunque como propietaria del avión era Francia la que tendría que encargarse del asunto, Israel, como país más afectado con 84 compatriotas entre los rehenes fue el que se tomó las cosas más en serio. Aparte era el objetivo claro del secuestro como se hizo pronto evidente cuando los terroristas liberaron a todos los pasajeros a excepción de aquellos con pasaporte israelí o apellido judío. El Comandante del avión, Michel Bacos, en un gesto loable se negó a irse con los liberados ya que entendía que era responsable del pasaje en su totalidad. Le secundó toda la tripulación y se quedaron en Uganda con el resto de secuestrados. Sin embargo, este gesto tan admirable no se supo entender en Francia y al terminar todo el asunto fue sancionado por la propia Air France por no anteponer los intereses de la tripulación, ignorando el hecho de que ésta le acompañó voluntariamente. También fue voluntaria la intención de una monja que se ofreció a intercambiarse por uno de los secuestrados, pero en este caso fue obligada a embarcar con los liberados.


Wilfred Bose y Gabrielle Tiedemann, los secuestradores alemanes del R.A.F.



Distintos aspectos de la Torre de Control y la Terminal Vieja de Entebbe en aquella época.

Los terroristas ponían como plazo para cumplir sus exigencias el día 1 de julio, tras lo que amenazaban con volar el avión con sus pasajeros dentro.

Francia colaboró en este caso plenamente con Israel y no puso objeción a que los servicios de inteligencia israelíes interrogaran al pasaje sobre la ubicación de los terroristas, su número, y demás detalles para el caso de optarse por la vía de la fuerza para liberar a los rehenes. La conclusión más importante que sacaron fue la de la colaboración del Ejército de Uganda con los terroristas.



EL PLAN
En Israel, mientras aparentemente accedían a negociar con los terroristas, la realidad era que se quería ganar tiempo porque se estaban contemplando tres opciones para la liberación: la primera consistía en un desembarco anfibio desde el Lago Victoria cerca del aeropuerto. Para ello irían con lanchas compradas o alquiladas desde la orilla keniata; la segunda consistía en un lanzamiento paracaidista sobre el lago. Con lanchas neumáticas llegarían hasta la orilla, y por tierra al aeropuerto; la tercera consistía en aterrizar directamente en el aeropuerto, subir a los rehenes en los mismos aviones, e irse literalmente volando.


Como a través del pasaje liberado se sabía de la colaboración de Uganda, se descartaron las dos primeras opciones por las altas posibilidades de encontrarse con fuerzas de tierra, y se optó por la tercera. Dado el poco tiempo que contaban para organizar la operación, se llamó al Coronel Bar Lev, un antiguo amigo de Amin de cuando éste se formó en Israel en mejores tiempos, a fin de que a través de su gestión se pudiera ampliar algo el plazo dado por los terroristas. Bar Lev lo consiguió y, con la excusa de que Amin iba a estar fuera del país, se alargó el plazo hasta el 4 de julio.

 
La lotería les tocó a los encargados de la operación cuando descubrieron que la terminal donde estaban recluidos los rehenes con sus captores había sido construida por una empresa israelí, con lo que disponían de planos exactos del lugar. E igualmente, como Israel había formado militarmente a Uganda, había multitud de oficiales que conocían a la perfección las instalaciones militares de la base aérea de Entebbe, con lo que todos los testimonios fueron valiosísimos. Realmente había posibilidades de éxito.


LA MISIÓN
Bajo mando del General Dan Shomron y contando entre sus oficiales con el Teniente Coronel Yonatan Netanyahu, hermano mayor del que sería Primer Ministro Benjamín Netanyahu, se pone en marcha la Operación Thunderbolt. Se asignan a la misma las unidades especiales Sayeret Matkal (conocida como Unidad 269 de Reconocimiento especializada en antiterrorismo), la de Reconocimiento de Infantería Sayeret Golani, y la Sayeret Tzanhanin de Paracaidistas. Igualmente se dota a la misión de 5 aviones C-130 Hércules (cuatro para la misión más uno de reserva), así como dos reactores Boeing 707, uno medicalizado y el otro reconvertido en plataforma de comunicaciones, que es la forma eufemística de referirse a un avión espía. Se decide que para tener garantías de éxito los rehenes deben ser liberados en menos de 55 minutos desde que ponga en tierra el primer soldado israelí, y se establece como hora del rescate las 23:00 hrs. del 3 de julio (que corresponderían a la 01:00 hrs. del 4 de julio en Entebbe). Estamos en las últimas horas del 1 de julio, con lo que no hay tiempo que perder.


General Dan Shomron, Jefe de la misión.

Teniente Coronel Yonatan Netanyahu. Hermano mayor del que luego sería Primer Ministro, Benjamín Netanyahu, lideraría a las tropas en tierra.

Los entrenamientos son frenéticos e incansables. En la base de Sirkin se construye una réplica a escala real de la terminal que deben tomar los comandos. Igualmente, y aunque se pretende aprovechar el espacio entre dos vuelos programados en Entebbe para contar con que la pista esté iluminada, en previsión de que las luces de ésta sean apagadas desde la torre, las tripulaciones de los Hércules ensayan una y otra vez aterrizajes a oscuras en medio del desierto. Mientras tanto se ha buscado una enorme limusina Mercedes-Benz igualita a la de Amin, y se ha pintado de negro con sus banderines presidenciales.

La famosa limusina Mercedes-Benz negra, cuando era descargada de un Hércules al finalizar la misión.

Finalmente, el mismo 3 de julio despega la fuerza de asalto. Volando a menos de 30 metros sobre las olas del Mar Rojo para evitar la detección por parte de los radares egipcios, saudíes y de los buques de la Marina Soviética en la zona, les espera un vuelo de siete horas y media para los Hércules, dos menos para los reactores B-707. Mientras llega el resto de la fuerza, el avión medicalizado aterriza en el aeropuerto de Nairobi, en Kenia, a la espera de los acontecimientos por si hubiera de ejercer de hospital de campaña.


EL RESCATE

Vista general de donde tuvieron lugar los hechos.

En la oscuridad de la noche sólo se ven las luces de la pista y plataforma del aeropuerto de Entebbe. Con una precisión asombrosa, el primer Hércules aterriza en la pista a las 23:01 minutos y sin que el avión esté detenido, comienzan a bajar comandos Tzanhanin para colocar balizas a lo largo de la pista, en previsión de que apaguen finalmente las luces desde la torre. Con la rampa trasera bajada y en movimiento, desciende del C-130 el enorme Mercedes-Benz escoltado por dos Land-Rover. Llevan distintivos ugandeses, pero dentro van 35 Matkal israelíes. A velocidad moderada se dirigen hacia la torre de control simulando ser el presidente Amin, llegado de su viaje antes de tiempo, pero cuando faltan apenas unos 30 metros para llegar, dos guardias ugandeses les dan el alto.

Pese a que iban con uniformes ugandeses de origen francés, y los vehículos lucían distintivos oficiales, prefieren no exponerse a ser reconocidos, y deciden eliminarlos con armas con silenciador. Pero algo falla. Uno de los ugandeses cae en redondo, pero al otro se le escapa un tiro de fusil, con lo que se pierde de golpe el factor sorpresa.

Esquema de la Operación Thunderbolt.

Se dividen entonces los israelíes en tres grupos, de los cuales el primero debe tomar la torre y los dos restantes la Terminal Vieja y la Terminal Nueva. Mientras que el primer objetivo no reviste problemas, de la Terminal Vieja salen varios terroristas y soldados sorprendidos por los disparos, que son rápidamente abatidos por los comandos. En la Terminal Nueva aparentemente no hay más movimiento que el habitual de un aeropuerto, pero cuando uno de los comandos israelíes sube a posicionarse en la azotea, un policía ugandés escondido en un lavabo le dispara dejándolo paralítico. El policía es inmediatamente abatido por sus compañeros.

Torre de Control de Entebbe antes de su reciente restauración para convertirla en museo (foto inferior). Son perfectamente visibles los disparos realizados por los Golani y Matkal israelíes.


Por megafonía los comandos a través del soldado Amos Goren repiten en inglés y yiddish “Somos de las Fuerzas de Defensa de Israel. Échense todos al suelo”. Uno de los terroristas empieza a disparar a los adormilados rehenes, pero inmediatamente es liquidado. Desgraciadamente, uno de los rehenes, tal vez por el shock, no se tira al suelo, y entre la confusión y la oscuridad también es abatido. Otros dos terroristas que intentaban confundirse entre los rehenes fueron muertos cuando estos les delataron. No habían pasado tres minutos desde que habían aterrizado y ya todo había terminado. El edificio estaba tomado y en el suelo yacían 13 terroristas (6 palestinos y 7 alemanes), una treintena de soldados ugandeses y tres rehenes, uno de ellos abatido por error y el otro asesinado.

Mientras tanto, en la torre parecía estar todo controlado, pero en un descuido un soldado ugandés escondido consiguió disparar y matar al Teniente Coronel Yonatán Netanyahu, constituyendo éste la única baja israelí de la operación.

M113 israelí descendiendo de un C-130 Hércules.

Cuando aún resonaban los ecos de los disparos, a las 23:06 aterriza el segundo Hércules que llevaba más comandos y dos APC M113 (Armored Personal Carrier, o como son conocidos en España, Transporte Oruga Acorazado –TOA-) que se dirigieron inmediatamente a apoyar la toma de la torre de control y evitar una reacción ugandesa. Dos minutos más tarde aterriza el tercer Hércules con otros dos M113 y más comandos, que se dirigen inmediatamente a la plataforma militar del aeropuerto donde acribillan con sus ametralladoras M2 de 12,70 mm (Cal .50) a siete Mig-21 Fishbed y cuatro Mig-17 Fresco de la Fuerza Aérea Ugandesa, evitando así una posible ulterior persecución de los indefensos Hércules.

Recreación del sabotaje de los MIG de la película “Raid on Entebbe”.


Restos de los MIG en la actualidad.

Con la situación ya controlada, los comandos no involucrados en la protección y atención de los rehenes se dedicaron por un lado, a repostar a los Hércules en las propias instalaciones del aeropuerto, mientras que otro grupo de Golani se dispuso a establecer un perímetro exterior de protección, ya que se temía sobre todo la amenaza de refuerzos desde la capital, posiblemente con carros T54 de origen soviético que, aunque estuvieran completamente desfasados podían hacer una escabechina en los ligeramente blindados M113 y dar la vuelta a la situación.

Con el aeródromo tomado y asegurado, aterriza el cuarto Hércules que carretea directo a la Terminal Vieja. Allí empieza a desembarcar personal médico y sanitario para preparar a los rehenes, muchos de ellos aún impresionados por el asalto y desorientados por las circunstancias, para su inmediato traslado a la libertad. Dadas las precarias condiciones, sobre todo psicológicas, en que se encontraban los rehenes, este momento se tomó más tiempo del deseado y el avión no pudo despegar hasta las 23:52 hrs. Apenas faltaban 3 minutos para cumplirse el plazo máximo de 55 minutos para garantizar el éxito de la misión.

C-130 Hércules de la USAF frente a la Terminal Vieja de Entebbe. En este caso se trata de una misión distinta, ya que llevaban comida y medicamentos a los refugiados de Rwanda, pero nos da una idea de qué aspecto presentaría la zona en el transcurso de la Operación Thunderbolt.

Los Golani del perímetro dan la voz de alarma: llegan los temidos refuerzos desde la capital. Desde Nairobi, el B-707 medicalizado confirma que el Gobierno de Kenia autorizará el reportaje de los aviones en su territorio, por lo que se decide suspender las operaciones de reportaje en Entebbe y reembarcar a las tropas lo antes posible.

Dejando un reguero de granadas de humo y trampas explosivas, los comandos van embarcando paulatinamente en los aviones, despegando el último de ellos sobre las 00:30 hrs. mientras las tropas ugandesas estaban comenzando a llegar a los arrabales del aeropuerto. En 90 minutos se ha resuelto la operación con todo éxito, y los aviones se dirigen a Nairobi para, tras repostar sus tanques, volver a Israel escoltados por cazas F-15.


Ruta de ida y vuelta de los elementos de la Operación Thunderbolt.


EL REGRESO
La vuelta a Israel tuvo un sabor agridulce. Por un lado, como es de suponer este secuestro tuvo gran repercusión internacional, y pese a las reticencias del Gobierno de Uganda, algunos periodistas, sobre todo franceses, habían conseguido llegar a Entebbe para cubrir la noticia. Fueron estos los que avisaron casi en directo a sus respectivas redacciones sobre la brillante operación de rescate israelí, y así, mientras los comandos y los liberados estaban aún volando el Mar Rojo, la noticia ya era conocida en todo el mundo. Tanto es así que miles de personas se concentraron en el aeropuerto de Tel-Aviv para darles la bienvenida, incluidos un nutrido número de familiares.



Distintos momentos de la llegada de los comandos y sus rehenes. En la última foto se aprecia a la izquierda al Comandante Michel Bacos, otro de los “héroes” de aquellos días.

Pese a que cualquier operación de comandos siempre se procura mantener el secreto y de hecho sólo suelen conocerse cuando han resultado un fiasco y se ha “descubierto el pastel”, el Gobierno de Israel tuvo que asumir que esta vez no se podría tratar el tema con la deseada discreción, y se decidió hacer públicos los detalles generales de la operación. Así, se le decidió cambiar el nombre de Operación Thunderbolt por el de Operación Yonatan, en honor de la única víctima que tuvieron los asaltantes, y se aprovechó la ocasión para devolver la autoestima a las fuerzas armadas israelíes, y a la nación en general, cuya moral andaba por los suelos desde la Guerra del Yom Kippur, como ya habíamos mencionado.

La parte agridulce sin embargo se llama Dora Bloch. Esta ciudadana alemana de origen judío fue llevada al Hospital de Kampala durante el secuestro, con total desconocimiento por parte de los israelíes. Su cuerpo sin vida apareció días más tarde en una cuneta, y todo apunta a que fue el propio Amin el que ordenó ejecutarla para desquitarse por el paseo militar que habían protagonizado sus odiados israelíes en su patio trasero.


CONCLUSIÓN
Al margen de toda consideración moral y discusiones a favor o en contra de su política interna, la realidad es que el actual Estado de Israel ha vivido con su existencia amenazada desde su creación en 1948. Los israelíes son conscientes de que la primera guerra que pierdan puede ser la última y de ahí que guarden tanto celo a la preparación y calidad de sus fuerzas armadas, consideradas de las mejores del mundo. Como hemos visto, esto ya lo olvidaron una vez, durante la Guerra del Yom Kippur y casi les cuesta la derrota y la desaparición. Y también, como hemos visto, aprendieron la lección, pudiendo desarrollar una operación de rescate donde implicaron a más de 200 personas con tan solo dos días de preparación, y dos únicas bajas, un oficial y un rehén. Sin duda, todo un mérito.

Un saludo, Skipper.


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